sábado, 26 de mayo de 2007

Por el latido

Años después de conocerla, la reconoció en la distancia por el contoneo de sus caderas y su olor a hembra. Estaba en su camino, y se dirigía a él; puede que tuviese la opción de dar un pequeño un rodeo si hubiese reaccionado a tiempo, pero ya era tarde y cualquier intento por evitarlo resultaría demasiado evidente.




El metalsaurio puso su perfil al viento, como si no la hubiese visto, y apenado porque la escamosa piel de los metalsaurios no permite nacer pelo, y mucho menos, melena...le hubiese ofrecido una bella estampa con su larga melena al viento.


Pasó por su lado, por su espalda y continuó...nadie se dio cuenta del festival de hormonas que la escoltaba, sólo el metalsaurio...y no se avergonzó de torcer su cabeza para verla alejarse.

Como si de un anunció de champú se tratase, ella se volvió, sonriendo, y le dirigió una mirada rebosante de lo que el metalsaurio entendió como ganas de follar. Y recordó...recordó que él, las ganas de follar también las había experimentado, sufrido y aguantado desde el momento en que le fue presentada en una cabaña de madera...y que una vez a solas, haciendo preguntas para las que no le importaba las respuestas, asintiendo, fingiendo interés, y sonriendo tímidamente cuando ella también lo hacía, pensó en la cara que pondría si se la petase from behind...si se le caerían las gafas de pasta que tan cerdo lo ponían, si chillaría mucho, o si sería capaz de atender a los clientes mientras tanto.


Ella continuó su camino, y el metalsaurio, por el latido de las venas de su pene, supo que se trataba de amor.






3 comentarios:

pablo dijo...

Mi perro se encuentra en la misma situación que el Metalsaurio. Hubo una vez una perra, hace mucho tiempo, que le hizo mover la cola. Ella era altiva, distante y misteriosa; y él, como es un imbécil, creyó que podría montarla por detrás e incluso follársela a 2 patas, que es lo que más les gusta a los perros machos. Pero la muy perra se deshizo de él con unos cuantos ladridos bien dados que le hicieron sentirse muy pequeñito, como un caniche. El San Bernardo hembra, enorme, incluso gigante desde la perspectiva diminuta de mi pobre chucho, se fue calle arriba sin mirar atrás, absorto ya en su ración diaria de vísceras y solomillo de la mejor clase. Mi perro, por el contrario, se quedó inmóvil, sintiéndose ridículo, con el corazón babeante fuera del cuerpo y latiendo en el suelo...

Me costó un tiempo reanimar al pobre animal, si bien es cierto que nunca volvió a ser el mismo. Aquella perra se le quedó clavada en las entrañas para siempre. Sin embargo, llevaba ya un año y medio o dos casi completamente recuperado. Su corazón estaba a punto de volver a coger la confianza necesaria para intentar un nuevo salto al vacío... y ella, la San Bernardo melenuda y oscura, tan bella como las sirenas canes, tuvo que volver a aparecer de entre la nada, como una amante salvaje y avariciosa: requiriendo todos los corazones, aunque estuvieran secos, para sí.

Mi perro, hipnotizado por su grandeza, se volvió a olvidar de las vecinas del barrio que, estando en celo como estaban, le perseguían por el parque en busca de su preciado semen callejero. Sólo el recuerdo de la negativa de la San Bernardo le impidió intentarlo otra vez. Aquello le dolió demasiado y era tal el respeto que sentía por ella, que no quería si quiera molestarla.

Ahora que pasó la primavera y todas las perras han sido montadas, y que ya ningún culo rojo en pompa se le ofrece, comprendo que también los animales se enamoran, puesto que el muy desgraciado sigue sin dejarme dormir por las noches, cuando se sube a la azotea y aulla a la luna invisible de esta ciudad contaminada.

pablo dijo...

Por cierto, Metalsaurio, me flipa tu blog. Espero que te vaya bien el curro que has pillado. Aquí, mi brother, sigue sin encontrar nada el hombre. Desde que os fuistéis de CASA el tío no para de hacer entrevistas, pero nada.

Nos veremos por la red como pececilios atrapados.

metalsaurio dijo...

Me quito el sombrero de copa para agradecerle tan bello post, que ilustrado con elocuentes y caninas imágenes, nos reconcilia con nuestros perros instintos.

Estás invitado a leer mis chorradas y publicar comentarios siempre que quieras ;)

Saludos al oso barbudo y cervecero, javi, que estoy seguro que pronto encontrará trabajo. Saluda también a su hermano Pablo ;)