miércoles, 1 de octubre de 2008

Jabo el Jevo VI



-¿A casa, Don Carlos?

Para Don Carlos, los disparos en el aparcamiento del Golden no supusieron un inconveniente a la hora de encontrar un taxi que lo alejase de allí -consumidor habitual de sexo de pago, un taxista de confianza lo esperaba en el aparcamiento pese a que la noche presagiaba ser agitada- pero sí cierto nerviosismo que obligaba a su oronda humanidad a precipitarse en los movimientos y a teñir sus mejillas de un rojo del que cualquier observador distraído y desconocedor del tiroteo hubiese dicho que eran consecuencia de un polvo rápido y furtivo.

-No, no. Esta noche, no. Llévame a la iglesia; quiero rezar –dijo, mientras parecía deshincharse como un globo pinchado.

Don Carlos, padre de Daniela, putero y objetivo último de las balas de Jaime se sentía intranquilo, pequeño y observado, pero no a causa los disparos –“inevitables de vez en cuando a las puertas de un puticlub”, quería pensar-, sino, más bien por no saber qué explicación daría, si algún día unos de esos tiros lo alcanzase –inocente de él- en tan comprometida situación. Creyó que Dios le comprendería.

Reflejada en el retrovisor, la mirada nerviosa de Don Carlos era lo suficientemente clara y demente como para hacerle comprender al taxista de que de nada valdría discutir con su gordote cliente acerca de la razonabilidad de su petición, dada la hora que era. Y arrancó.

Algún coche, alguna moto, algún paseante demasiado joven para ser tan tarde y los halos de luz de las farolas en intervalos exactos fueron su compañía hasta la iglesia.

No lejos de allí, mientras en un noveno se desataba la orgía y daba lugar a un sugerente coro de gemidos, chirridos y tumbos, de un octavo piso bajaba en ascensor una esposa más amante de los objetos punzantes que de los matrimonios liberales. Un taxi la esperaba en la puerta.

-¿Dirección?

Salía ya el taxi y llegaba ya un muchacho corriendo. Salíasele el corazón del pecho y, diríase que los pulmones también estaban a punto de salir volando por las orejas. Era feo, de dientes grandes, aunque proporcionales al tamaño de unas enormes encías que asomaban cuando contraía el rostro al tomar aire. Caminó los últimos metros con paso más relajado. El edificio de su novia ya estaba cerca “por fin”. Dos drogadictos que nunca pisaban la iglesia dormían entre cartones, y sin embargo parecían no sacarle el ojo de encima, al igual que las ventanas y el portal del alto edificio de Daniela.

No timbró. El portal estaba abierto y, el ascensor, en la entrada.

Seguía respirando fuerte, aunque cada vez en más pausados rebuznos, cuando pulsó el botón que lo llevaría al octavo piso y recostó su espalda –dolorida por la incomodidad de la mochila- sobre una pared del elevador. Se la quitó y la miró casi con más miedo que recelo.

Un sencillo y elegante timbre anunció la llegada al octavo y la inminente apertura de puertas.

Al fondo del pasillo, en el vano de la puerta de su novia y al resguardo de la mortecina luz amarilla, una especie de ogro melenudo sin camiseta y en vaqueros, se despedía de Daniela con un beso de siete lenguas.

-¡Eh, tú, eh, eh! –Jaime rebuscó nervioso en la mochila- ¡Eh, eh, tú! ¿Qué haces? ¡Eh!- y cuando volvió a sacar su mano de ella, portaba la pistola.

A la mañana siguiente los periódicos titularon “Noche sangrienta se salda con dos muertos”.

6 comentarios:

soh dijo...

che grosso blog!

Sl2

Metalsaurio dijo...

Gracias por pasarte por aquí Soh.

Un saludo.

carlos dijo...

Buena buena narración killo.
La escena del taxi genial.Casi que sino fuera por las balas pondría de bso la canción de cruce de navajas :)

Metalsaurio dijo...

Cruz de Navajas? ...no lo veo claro...jaja! :)

___________________ dijo...

La primera parte me ha gustado bastante, una buena idea. Sin emabrgo la transición y la segunda parte que termina con más tiros me ha dejado frio. El enlace un poco llevado por los pelos (o yo no lo he sabido ver, que todo puede ser).

De todas maneras ya se sabe, para gustos los colores.


Un saludo,


Pedro.

Metalsaurio dijo...

Las dos partes tienen ritmos narrativos distintos -la segunda más acelerada que la primera- y puede que sea eso lo que "te deja frío" (no sé muy bien qué quieres decir con eso, si es que no te gustó la historia o la forma de narrarla). Quizá hubiese quedado mejor con un ritmo más pausado o al menos más homogéneo.

En cuanto al enlace, yo lo veo correcto. ¿Podría ser que no has leido los capítulos anteriores?

Gracias por pasarte por aquí y dar tu opinión (poca gente se atreve a decir que algo no les convence).

Un saludo.