miércoles, 16 de noviembre de 2011

Agujeros de la realidad

Hay luces húmedas, neones, neblina alquitranada y pistones machacando, bumbum, bumbum, el ambiente. Las mesas, las sillas y la barra de la cantina son metálicas y están oxidadas y en una esquina, sentado, el único cliente que no habla con nadie. Está loco.

Su pelo, enmarañado y gris, tapa sus ojos; su barba, hace de su cara una bola de pelo y deja sólo a flote unos labios que se entreabren únicamente cuando de la mesa, sube una escudilla para beber.

Alguien se le acerca. De vez en cuando, cada vez con menos con frecuencia, alguien se sienta con él, le hace preguntas y se ríe. Les gusta escuchar la historia de dónde viene y cómo llegó.

-¿El CERN?

-Os lo he contado mil veces –respondió, mientras tomaba una cajita que colgaba de su pecho y la abría-. Sí, el CERN. En otro tiempo, era científico. Y experimentando y experimentando capturé un neutrino y lo guardé en esta cajita. Un día me pidió salir. Abrí la pequeña tapa, saltó a mi mano y con una explosión me expulsó a esta realidad paralela.

Todos rieron, y él, siguió a lo suyo.


"...tengo miedo a irme a la sombra del Cielo: me queda tan poco, ¡y tanto que arreglar!"

3 comentarios:

Carlos dijo...

Nunca la consabida delimitación entre las letras y las ciencias estuvo tan magníficamente derrotada y ambas materias tan bien conjuntadas.
En tan poco espacio, en tan poco tiempo, con tan solo una silla, una mesa y una cajita.

Me encantó :)

Anónimo dijo...

:_)

Metalsaurio dijo...

Al reelerlo me ha parecido que necesita algo, así que quizá más adelante lo reescriba. Gracias, Carlos, de todas formas!

Anónimo, no llores, sonríe :)

Un saludo!