domingo, 3 de septiembre de 2017

Ciego

Nació ciego como una noche sin luna ni bombillas. Los colores se le escapaban y las formas, ay, si no las palpaba, era como si no existieran. ¿Y qué decir de la belleza? En su mente era todo menos imagen.
Con todo, Damián tuvo una vida normal, cada vez más autónomo, pero limitado por la falta de vista. Su perro guía, Elmer, un labrador, le ayudaba a la hora de cruzar y le hacía compañía.
Cuando le hablaron de una operación experimental con la que podría ver tuvo sus dudas. Llevaba toda la vida a oscuras y estaba acostumbrado. El riesgo que habría de soportar era alto. La operación implicaba sustituir sus ojos por cámaras conectadas al cerebro y, por supuesto, a internet, para darle un toque smart.
Su familia y Elmer le hicieron dar el paso y aceptar la operación. Tanta ayuda recibía de ellos que venció el miedo para así poder verlos. Ya arreglaría con la administración el asunto de quedarse con el chucho una vez que ya no fuera invidente.
El día de la operación su familia y amigos más cercanos lo acompañaron al hospital. Una nube de periodistas se apelotonaba a la puerta. Le llovían las preguntas desde todos los ángulos, y él con una sonrisa respondía y pedía cautela. No quería anticipar acontecimientos. En cuanto salga, me verán –les respondía− y si todo va bien, les veré yo a ustedes.
La operación tuvo éxito. Cuando por fin le quitaron la venda y la medicación le permitió espabilarse, abrió los ojos y vió. Estaban con él sus padres y Elmer. Enseguida conectó las voces con las personas y se sorprendió al ver su apariencia. En el fondo nada cambiaba, pero en la superficie, mucho. Las sensaciones que antes tenía ahora se apoyaban en un sentido más y todo parecía más real. Había desarrollado el resto de los sentidos hasta un nivel que casi le permitía suplir la falta de visión, pero ahora que también podía ver, se sentía un super humano.
A eso contribuía su visión de realidad aumentada que le permitía combinar la visión normal con información adicional de internet. Al instante se puso al día de los perfiles de las redes sociales de sus padres y del equipo médico. También de las principales características de los labradores, como Elmer, y del origen sudamericano del árbol que distinguía desde la ventana.
Cuando por fin le dieron el alta médica y salió a la calle, otro pelotón de periodistas lo recibió. Fogonazos de flash le explotaban en la cara, los micrófonos le acechaban demasiado cerca, preguntas y más preguntas salían de las bocas de los periodistas...y un mundo de información surtida desde internet que le inundaba los sentidos. Realidad, realidad aumentada, anuncios por doquier. Apabullante realidad.
Regresó al interior del hospital para pedir que le desconectaran la visión de realidad aumentada.
¿Desconectarla? Somos como somos, Damián...rubios o morenos, altos o bajos...tú tienes visión de realidad aumentada y debes aceptarlo.
Con una venda sobre los ojos salió del hospital. Superhumano, aceptándose a sí mismo y voluntariamente ciego, Damián salió del hospital y continuó con su vida.

2 comentarios:

Ángeles dijo...


Si la realidad de por sí ya es abrumadora, la realidad aumentada puede ser aplastante.
Porque no todo lo que parece malo es tan malo, y no todo lo que parece estupendo resulta ser tan bueno.
En cambio, tus relatos parecen estupendos y resulta que lo son.

Metalsaurio dijo...

Muchas gracias, Ángeles!

Es el mundo que viene, que casi palpamos. A veces me da miedo, otras me parece estupendo. Imagino que no será para tanto :)