miércoles, 12 de diciembre de 2012

Dragones: Kumbrenthor (1 de 5)



Son, los dragones, odiados mientras viven y añorados cuando, ya muertos, la nostalgia se acomoda entre las gentes. Así, lo que al principio era triste resignación a la negra sombra que surcaba el cielo entre chillidos y llamaradas, con el tiempo se convierte en un llevarse la mano a la frente para protegerse del sol y otear al horizonte -más allá de la estatua erigida al matadragones- cerciorándose, con algo de pena, que el imperio del gran lagarto llegó a su fin.

Por tradición oral y a fuerza de ver la estatua, posiblemente el nombre del matadragones se conserve mientras el pueblo se mantenga en pie, sin embargo, cada vez serán menos los que allende los viejos dominios del dragón recuerden más su nombre que el del propio dragón, puesto que a éste, ahora, lo sienten tan suyo que le dedican un hueco en la bandera y otro en el escudo.

El dragón se llamaba Kumbrenthor y en su verdosa enormidad, recogido sobre sí mismo, ocupaba lo que ocupa una montaña. Cuentan que más de un viajero llegó a recorrer metros y metros por su grupa hasta percatarse de que un ojo grande de pupilas amarillas observaba su avance: las más de las veces el viajero no lo contaba y como único testimonio de su existencia dejaba un vago olor a carne quemada flotando en la brisa. Algunas veces, las menos, un jinete avezado y suertudo, conseguía galopar sobre él y alcanzar la villa. Entonces, el pueblo era arrasado por las llamas de Kumbrenthor y el jinete pasaba a ser un indeseable muy mal mirado por las gentes de Pordok.

Jinetes achicharrados aparte, hoy, en Pordok es raro quien no cree que se viviera mejor en los tiempos del dragón Kumbrenthor. A fin de cuentas, era uno de los cinco dragones primigenios, Creadores y Amos del Todo. Y eso daba cierto caché. “Kumbrenthor I, Primer Dragón de Tierra, Padre de Dragones. Aficionado a la caza mayor, a la lectura y sobre todo a mimetizarse con las boscosas montañas de lugar. Muerto por un caza recompensas extranjero” Así comienzan los panfletos turísticos de Pordok. Continúan con mucha pompa realzando la bondad del dragón, obviando, claro, que al poco de crear el Todo, nada había que leer y que a menudo los cazados eran humanos que simpatizaban poco con el dragón primigenio.


4 comentarios:

Ángeles dijo...

Me ha encantado la imagen del viajero caminando tan contento por encima del dragón sin percatarse. Y en general, me gusta mucho como lo has contado todo.

Metalsaurio dijo...

Muchas gracias!

Carlos dijo...

Holaa quillo!!

Este primer lunes del año que es lunes me ha hecho caer de bruces en manos de la jornada laboral completa que se frota las manos mientras miro como estos días caóticos se alejan de mi :( pero por otro lado me alegro porque así podré volver a leeros sin fiesta alguna que lo impida! :)

Y veo que la saga Dragones requiere mucho mas que una noche de lunes, así que la leeré con tiempo y música apropiada!

Pero antes sirva este comentario para anunciarte mi vuelta al Metal!

Un abrazo crack!

Metalsaurio dijo...

¡Feliz regreso, Carlos!

Y que los benevolentes dragones sean contigo.

Gracias por pasarte por aquí.