domingo, 14 de mayo de 2017

La realidad del teatro

Sentados en un palco lateral del teatro, un grupo de amigos notaron que desde el palco de enfrente una chica miraba con interés a uno de ellos. Miraba, sonreía y llegado un momento, saludó. El afortunado devolvió el saludo y el resto de chicos lo celebraron con risas y estruendo.

¿Quién es ella? –preguntó cuando se calmaron las risas− ¿la conocéis?

Yo la conozco –dijo uno. No te fíes de ella. Es mi vecina. Se llama Luisa y sabía que vendría hoy con mis amigos. Habrá supuesto que también vendrías conmigo. Hace no mucho también me miraba con deseo y mucha sonrisa. Palabras agradables cuando nos encontrábamos –también las tiene ahora− pero nunca hemos pasado de ahí. No te la recomiendo. Para colmo de rarezas, todas las noches abandona su casa en un carruaje en cuanto dan las doce, y hasta la mañana no regresa. Ni hablar, Lázaro, ni te acerques.

Tonterías –dijo otro. Ni tú ni nadie la conocéis. La vi llegar ayer a la ciudad, en un carruaje, sí, desde el apeadero del tren y a plena luz del día. Se hospeda en el hotel de mis tíos y estará aquí durante una semana. No sé qué habrá venido a hacer aquí, pero a priori nada raro veo. Seguramente le has parecido atractivo y será un será un simple tonteo. En mi opinión, un aire nuevo en el pueblo, aunque sea por poco tiempo, es bienvenido. Y, ¿quién soy yo para juzgar? Pero diría que se trata de una princesa de incógnito. Levántate y ve hasta allá, anda.

Misterios, princesas, misteriosas princesas… ¿estáis de broma? –dijo el tercero. ¿De verdad no os acordáis de ella? No hay misterio, pues todo lo aclaró la policía. Se llama Adelaida y es la asesina del pozo. Trabajaba como aguadora hace unos años. La contratabas, iba a por el agua y cuando llegaba de vuelta y le abrías la puerta…zas! Si me hubiera dado cuenta antes te lo hubiera dicho, pero aún estás a tiempo de quedarte aquí sentadito con nosotros y atender al espectáculo que va a empezar. Olvídate de ella.

Lázaro se quedó con la opinión que más le gustaba, la de la princesa de incógnito y, pese a los consejos en contra de sus otros dos amigos se levantó y puso rumbo al palco de enfrente. Pensaba mientras caminaba que si tan descabelladas le parecían las opiniones falsas, igualmente descabellada podría ser la que acariciaba sus oídos, pero ¿qué arriesgaba en una visita a un palco de teatro? Si era todo mentira, unas palabras con la chica arrojarían verdad a la situación.

Mientras esto pensaba Lázaro, sus amigos vieron a la chica levantarse de su asiento y salir al pasillo. Ninguno pensó que fuera a causa de los pasados que le habían inventado unos minutos atrás, pero las historias estaban ya trenzadas y, aún sin apretar, abrazaban y condicionaban la realidad. A Lázaro no lo vieron aparecer en el palco de enfrente y tampoco regresar con ellos. Tampoco vieron más a la chica.


Unos días después, el periódico local publicó que el joven Lázaro, que había desparecido en el teatro, había sido drogado con un brebaje y raptado por una aristócrata de oscuro pasado que, de camino a no se sabe dónde, viaja en carruajes o en tren, preferentemente de noche. Sus amigos, desconsolados, eran testigos y se sentían culpables por no haber sabido aconsejar a Lázaro.

1 comentario:

Ángeles dijo...

Es que nunca hay una sola verdad. O es que la verdad tiene muchas caras.
Y a veces en el teatro, en la ficción, salen a relucir todas esas verdades que en la realidad no se ven.