Sentados en un palco lateral del
teatro, un grupo de amigos notaron que desde el palco de enfrente una chica miraba
con interés a uno de ellos. Miraba, sonreía y llegado un momento, saludó. El
afortunado devolvió el saludo y el resto de chicos lo celebraron con risas y
estruendo.
¿Quién es ella? –preguntó cuando
se calmaron las risas− ¿la conocéis?
Yo la conozco –dijo uno. No te
fíes de ella. Es mi vecina. Se llama Luisa y sabía que vendría hoy con mis
amigos. Habrá supuesto que también vendrías conmigo. Hace no mucho también me
miraba con deseo y mucha sonrisa. Palabras agradables cuando nos encontrábamos –también
las tiene ahora− pero nunca hemos pasado de ahí. No te la recomiendo. Para
colmo de rarezas, todas las noches abandona su casa en un carruaje en cuanto dan
las doce, y hasta la mañana no regresa. Ni hablar, Lázaro, ni te acerques.
Tonterías –dijo otro. Ni tú ni
nadie la conocéis. La vi llegar ayer a la ciudad, en un carruaje, sí, desde el
apeadero del tren y a plena luz del día. Se hospeda en el hotel de mis tíos y
estará aquí durante una semana. No sé qué habrá venido a hacer aquí, pero a
priori nada raro veo. Seguramente le has parecido atractivo y será un será un
simple tonteo. En mi opinión, un aire nuevo en el pueblo, aunque sea por poco
tiempo, es bienvenido. Y, ¿quién soy yo para juzgar? Pero diría que se trata de
una princesa de incógnito. Levántate y ve hasta allá, anda.
Misterios, princesas, misteriosas
princesas… ¿estáis de broma? –dijo el tercero. ¿De verdad no os acordáis de
ella? No hay misterio, pues todo lo aclaró la policía. Se llama Adelaida y es
la asesina del pozo. Trabajaba como aguadora hace unos años. La contratabas,
iba a por el agua y cuando llegaba de vuelta y le abrías la puerta…zas! Si me
hubiera dado cuenta antes te lo hubiera dicho, pero aún estás a tiempo de
quedarte aquí sentadito con nosotros y atender al espectáculo que va a empezar.
Olvídate de ella.
Lázaro se quedó con la opinión
que más le gustaba, la de la princesa de incógnito y, pese a los consejos en
contra de sus otros dos amigos se levantó y puso rumbo al palco de enfrente.
Pensaba mientras caminaba que si tan descabelladas le parecían las opiniones
falsas, igualmente descabellada podría ser la que acariciaba sus oídos, pero
¿qué arriesgaba en una visita a un palco de teatro? Si era todo mentira, unas
palabras con la chica arrojarían verdad a la situación.
Mientras esto pensaba Lázaro, sus
amigos vieron a la chica levantarse de su asiento y salir al pasillo. Ninguno
pensó que fuera a causa de los pasados que le habían inventado unos minutos
atrás, pero las historias estaban ya trenzadas y, aún sin apretar, abrazaban y
condicionaban la realidad. A Lázaro no lo vieron aparecer en el palco de
enfrente y tampoco regresar con ellos. Tampoco vieron más a la chica.
Unos días después, el periódico
local publicó que el joven Lázaro, que había desparecido en el teatro, había
sido drogado con un brebaje y raptado por una aristócrata de oscuro pasado que,
de camino a no se sabe dónde, viaja en carruajes o en tren, preferentemente de
noche. Sus amigos, desconsolados, eran testigos y se sentían culpables por no
haber sabido aconsejar a Lázaro.
2 comentarios:
Es que nunca hay una sola verdad. O es que la verdad tiene muchas caras.
Y a veces en el teatro, en la ficción, salen a relucir todas esas verdades que en la realidad no se ven.
Disculpa la tardanza en la respuesta, Ángeles! Así es, la verdad tiene tantas caras que según cual se mire, se podría pensar que nada tiene con las otras.
Me gusta la reflexión que haces de que a veces es en el teatro, ficción, donde se revelen algunas de sus caras, quizá las más ocultas o más reales.
Un saludo.
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