jueves, 24 de enero de 2008

Menguaciente

Un hombre pequeñito, pequeñito, con cabeza grande, grande, sacó a pasear a su perro, enorme, enorme, enorme como un mamut.

Era un curioso espectáculo verlos caminar por la acera, de camino al parque, pues tanto el hombre, su cabeza y su perro, eran, intermitentemente, seres menguantes y seres crecientes. Así, cuando el hombrecillo empequeñecía, su cabeza se agigantaba, y cuando ésta menguaba, el hombrecillo, crecía. Lo mismo pasaba con su perro, pero como los perros no tienen alma, su cuerpo y cabeza crecían y menguaban acompasadamente.

Al llegar al parque, el perro, aún enorme, cumplió con su deber, con lo que su dueño esperaba de él, y de su ano dilatado brotó un alegre zurullo menguaciente (pues este el termino científico para lo que crece y mengua en intervalos regulares). Puede que fuese el alegre zurullo que lo contagiase, o que el parque ya gozase anteriormente de tan maravilloso don –ni el hombre, ni su cabeza, ni su perro lo sabían pues eran recién llegados a la ciudad- pero el caso es que el ahora hombretón con cabecita y perro minúsculo, contemplaba con satisfacción como una enorme masa marrón se alzaba en el cada vez más pequeño parque.

2 comentarios:

chusmanuel dijo...

Y yo, un gnomo con pies de gigante, pisé aquel espléndido chorongo recién puesto. Estaba tan cremoso y espumoso que, al pisarlo, salpiqué a todos los viandantes que por allí paseaban ese domingo soleado. Un alegre caracol rosa me dijo: ¡enhorabuena, gnomo! ¡con lo grande que es esa caca tendrás buena suerte para siempre! Pero yo pensé que ese caracol era gilipollas, y que todos los que se paraban a saludarme y a felicitarme por haber aplastado tan espléndida cagada eran también gilipollas. ¡Ni que me hubiera tocado la lotería! Pisar una mierda no da buena suerte; creer eso es de deficientes mentales... un consuelo, una forma de animarse cuando llegas a casa y te tienes que quitar los zapatos porque huelen fatal y no quieres manchar. Los dejas fuera y sabes que luego tendrás que sacar algo con lo que despegar la mierda cuando esté más seca... y es aqueroso.
Pero ese día yo no volví a mi casa. Me quedé justo a la entrada del árbol que nos cobija a mi y a mi familia de gnomos con pies de gigante pensando durante mucho rato hasta que decidí, casi llorando de pena, irme con mi mierda de mala suerte a tomar por saco.
Ahora sigo siendo un infeliz tonto del culo, pero ya no creo en chorradas ni piso las mierdas aposta para encontrar algo de fortuna. Siempre estoy limpio, perfumado y limpio.
Qué os follen a todos los humanos, y sobre todo a uno, que te folle quien quieras que te folle..
¡Hijos de puta!

metalsaurio dijo...

Gnomo, de grandes pies verde ahora manchados de caca:

La mierda “normal” no da suerte (de hecho, la última vez que me dijeron “mira, has pisado mierda; es señal de buena suerte”, minutos más tarde, y de esa misma persona, me llevé un palo bastante gordo)…y a los actores de teatro que sean desean “mucha mierda” antes de subir al escenario, habría que gritarles “hueles mal!” en cuanto suban.

Peeeero, la mierda menguaciente…ooooh…oooooh, la mierda menguaciente…suerte tampoco da, pero crece y decrece :)


(me he echado unas buenas risas al leer lo del gnomo y la mierda)