lunes, 20 de febrero de 2017

Letras preciosas

Natalia Letter es crítica literaria no por trabajar de eso, que sí lo hace, sino porque realmente lo es. Es una profesión que algunos tachan de poco seria pues las valoraciones de los críticos, por muy objetivas que quieran parecer, son en realidad opiniones con pretensiones, palabras. Y, sin embargo, la opinión de la Sra. Letter es respetadísima y siempre genera consenso a su alrededor.

Esto se debe a que Natalia, dejando las ñoñerías a un lado, tiene un vínculo especial con la literatura. Podríamos hacer más impresionante su historia diciendo que su buen gusto se remonta a su niñez, pero mentiríamos: siendo ella pequeña sus cualidades pasaban inadvertidas y se quedaba dormida mientras sus padres le leían cuentos cada noche.

Fue con las primeras lecturas por su cuenta cuando su don comenzó a manifestarse, muy de vez en cuando y con poca repercusión. A medida que leía más libros, no sólo conformaba su propio criterio, sino que lo experimentaba en sus propias carnes. Cuando daba con una lectura de mala calidad, se sentía enferma. Fiebre ligera y sudores eran la antesala de una diarrea, más potente cuanto peor fuera el libro. Fácil de cortar abandonando las páginas nocivas, pero desagradable al fin y al cabo. Por el contrario, una buena lectura era un regalo que también tenía repercusiones intestinales, y tras una imperiosa necesidad de evacuar, del ano de Letter salía una piedra preciosa. Más grande cuanto mejor fuera la lectura.

Esta curiosa cualidad, muy útil para dedicarse a la crítica literaria, le resultaba embarazosa en sus primeros años, antes de ejercer la profesión para la que había nacido. ¡A ver cómo se le explica a alguien, incluso a alguien cercano, que puedes convertir literatura en piedras preciosas! O en algo peor. Afortunadamente se liberó pronto de prejuicios y lo mismo hizo su entorno. Al principio, familia y amigos esperaban ansiosos su veredicto cuando comenzaba un libro. Poco tiempo después, el mundo literario en general era el que aguardaba por su opinión.

Estos juicios de Natalia, tan materiales, se consideraban inapelables por apabullantes. Vergonzantes para los autores de malas historias y todo un premio para los autores esforzados. En pocas artes se puede medir la calidad en mierda o quilates.


Aún siendo ella tan respetada, se sentía en parte espectáculo de circo y buen día renunció a la crítica para lanzarse ella misma a escribir. Cuando lo anunció, fueron muchos los autores castigados que le deseaban un estrepitoso fracaso, una muerte por diarrea. Cuando al poco murió, quisieron creer que sus deseos se habían hecho realidad. Y así lo creyeron hasta que conocieron que el verdadero motivo de su fallecimiento había sido una enorme y brillante piedra, demasiado grande para expulsarla y seguir con vida. Demasiado preciosa.

domingo, 29 de enero de 2017

Bella mariposa

Qué guapa eres, qué bien vuelas. ¡Cómo me gustaría dar esas vueltas que das en el aire! ¿Me cuentas tu secreto? Sí, al oído, que sólo yo te oiga. No tengas miedo, acércate que no te haré daño. Aunque fea soy inofensiva. ¡Ojalá tuviera tu aspecto, tus alas…!

¡No me digas! ¿Empezaste como gusano? ¿Tú? ¡No me hagas reír! ¡Eres tan guapa! Si pudiera volar como tú, con esos colores...Iría, no sé, ¡a cualquier sitio! Aquí, allí. ¡Cuéntame más! ¿Cómo pasas de gusano a volar? Dime, dime, bonita. Sí, al oído, que sólo yo te oiga.

¡Cuánto más cerca, más bella eres! Sí, cuéntame. ¡Qué alas! ¡Qué frágil y preciosa eres! Sí, sí, cuéntame. Tan cerca...déjame abrazarte, déjame anudarte y cuéntame. ¿Estás a gusto? ¿Tienes frío? Te anudaré un poco más, mientras me cuentas tu secreto.

Dímelo otra vez, por favor. Quiero entenderlo bien. Y que estés a gusto. Déjame anudarte un poco más, abrazarte fuerte. Dame tu secreto. Tus alas, tus colores, tu viveza...dámelos. ¡Dámelos! Es una cuestión fácil: tu secreto o tu vida. Mariposita que vuelas y sobrevuelas mis telarañas. Mariposita, orgullosa, me quedaré sin tu secreto, y tú sin vida.


lunes, 2 de enero de 2017

Libre Anselmo

Érase una vez un hombre pobre que a pesar de no ser rey ni vivir en un país lejano era protagonista de una historia. De ésta. Vivía en una cueva grande y de difícil acceso, a la orilla del mar. Cuando la marea subía impedía entrar o salir y esto era tan bueno cuando quería soledad, como malo cuando necesitaba salir o regresar y no podía.

Se alimentaba de lo que plantaba en el bosque cercano y de los pequeños hurtos que realizaba en las huertas de las afueras del pueblo. Hurtos no culpables, pues inocente se sentía al coger las frutas que otros no comían o las hortalizas plantadas en demasía. De agua se abastecía en un manantial de la propia cueva. Para dormir se recostaba en un lecho de lana de oveja esquilada con nocturnidad y alevosía en alguna granja cercana. A la luz del día también esquilaba, pero entonces era consentido y pagado. Gracias a esto compraba ropa de abrigo y lo poco más que necesitaba. Así transcurría la vida de Anselmo Asceta, a salvo de reyes y exigencias sociales.

Llegó el momento en que el rey quiso hacer un censo de sus súbditos para así poder esquilmarlos a impuestos y afinar más su control: al igual que el pastor quiere saber con exactitud el número de ovejas que tiene, también el rey quiere contar a sus súbditos. Envió a sus secuaces a realizar el conteo pueblo por pueblo, por casas, posadas, tabernas, granjas...y allá donde pudiera haber a quien subyugar.

Anselmo Asceta no era fácil de encontrar, allí en su cueva. Pero alguien se fue de la lengua y lo mencionó a él y a su escondrijo. Seguramente por miedo. Afortunadamente para él la marea estaba alta y no dieron con él. Sin embargo el cerco burocrático ya estaba tendido y decidió enfrentarlo. Caminó varios días hasta dar con el castillo de ese rey de tierras lejanas que sin conocerlo, sin hacer nada por él, pretendía de Anselmo su vasallaje, fuera eso lo que fuera.

A la puerta del castillo había dos guardias. No le dejaron entrar. Su aspecto no era digno, le explicaron. Y mucho menos su pretensión de querer hablar con el rey para que éste le explicase qué autoridad tenía él sobre los demás y qué necesidad tenía de ello. Trató de razonar con los guardias, sin éxito. Dejó de insistir cuando lo amenazaron de mandarlo a un calabozo. A una cueva al lado del mar.

Se marchó de allí sin entender muy bien porqué alguien quería secuestrarle la libertad. O pagaba el diezmo o pagaba reclusión en una cueva al lado del mar. Suponía que esa cueva tendría barrotes, pues de lo contrario sería como encontrarse en casa. En casa...su cueva arrullada por el mar...la casa del rey...un castillo. Si pudiera colocar unos barrotes a la puerta del castillo cambiarían los papeles. El rey sería prisionero en su casa, de la misma forma que lo harían prisionero a él si no se plegase a los reales deseos.

Esa misma noche se las ingenió para reducir a los guardias y colocar unos barrotes a la puerta del castillo. Sin rey ya no había vasallos. Se marchó silbando rumbo a su cueva al lado del mar, para descansar a gusto sobre lana de oveja, arrullado por el mar.

Buenas noches, Anselmo.

domingo, 25 de diciembre de 2016

El jardín cucudrúlico VIII

Capítulo anterior

Un poco más allá de la laguna de los cucudrulos, cucudrulas y cucudrules está el lodazal de las letras. Entre los árboles, casi en la oscuridad, a salvo incluso de la vista de los fieros y carismáticos animales de la laguna. Su tamaño, como todo, es relativo, pero lo importante es que el metalsaurio cabe hasta cuando se tumba y gira sobre si mismo. Se ha embadurnado de letras al igual que un cerdo en el lodo y casi no se le distingue entre el denso abecedario.

Es un bulto entre las letras, unas letras con volumen.

¿Cuánto tiempo llevas ahí escondido, dinosaurio?

¿Que te ha hecho abrir esos ojillos luminosos que te delatan en la oscuridad?

En cuanto al tiempo agazapado, cualquier lector interesado lo podrá contar. En cuanto al motivo de hacerse ver…las mismas letras que lo mantienen entretenido y camuflado lo estremecieron el 7 de Noviembre de 2016. Le dieron un primer calambrazo para advertirle que Leonard Cohen había muerto. Y un segundo calambrazo para avisarle de que el humano que tantos libros le había regalado y que, por tanto, había conformado en buena parte su forma de ser, también había fallecido. Esas mismas letras que avisan y entretienen quieren su tributo...y exigen del Metalsaurio que las comande y organice en batallones y relatos para vengar las muertes de estos dos hombres.

Letras rabiosas, que claman venganza…sin pararse a pensar en el poco tiempo que el Metalsaurio pueda tener. Letras e historias contra la muerte y el tiempo.



miércoles, 5 de agosto de 2015

Segunda Venida (Dibujo)



El Mesías tuvo bastante la primera vez con la cruz y los tres clavos. En la Segunda Venida, Cristo no se anda con chiquitas y toma revancha en cuanto puede.

Si ayer era el relato, hoy toca el dibujo. Dibujito de San Fernando: un poquito a Photoshop y un poquito a mano :)


martes, 4 de agosto de 2015

Segunda venida

¡Vaya cara se te ha quedado, eh, Dinosaurio!

Ese relato que comenzaste la semana pasada, ¿dónde está? ¿Acaso no lo encuentras ahora que ibas a continuarlo? ¿Lo has perdido? ¿Te lo he robado?

Perdido, robado por los duendes informáticos. Poco importa. Lo tengo en la cabeza. Y el hecho de no encontrarlo me ha llevado a recuperar un relato que, si el ordenador no me engaña, comencé el 25 de Junio de 2007 y quedó sin terminar.

A veces escribir sin más pretensión que pasarlo bien es la única forma de avanzar. ¿Y dejar la calidad de lado? Sí. La calidad llega, siempre que se disfrute de lo que se hace y se practique lo suficiente. Pero sin el disfrute, no se practica, no hay calidad y no se avanza.

Guiándome por esto, por la casualidad de haber encontrado este relato (inicialmente, cuando lo dejé a medias lo llamé Tercer disparo en el pecho) y por un libro de ilustraciones que ojeo de vez cuando (Mr. Bulb, de Pasqual Ferry) decidí continuar lo que quedó en pañales en el 2007. Decía Pasqual Ferry  en el prólogo de Mr. Bulb que empezó a dibujarlo (son dibujos, casi esbozos, de los avatares de una bombilla con cuerpo humano, acompañados de alguna reflexión) sólo por diversión y por desatascarse. De esa diversión, nació ese librito, que nada tiene que ver con sus dibujos habituales, de super héroes (tengo entendido que ilustra Iron Man y supongo que alguno más)

Y de esta diversión mía, nació la reconstrucción de Tercer disparo en el pecho. Se llama Segunda Venida.


Tercer disparo en el pecho, tercera convulsión. Fue entonces cuando volvió en sí. Se encontraba sentado, atadas sus muñecas a las patas traseras de una silla, y los tobillos a las delanteras. Intuía que le dolían, así como también intuía que la costra que sentía pegada a su labio inferior era de la misma naturaleza que el líquido que le impregnaba el pecho y fluía a borbotones. Sangre. Su sangre.

Mal asunto. Muy malo. Pero al fin y al cabo, habían sido los disparos los que lo habían hecho retornar a la vida. Sus recuerdos…sus recuerdos empezaban en esa tercera convulsión que lo había hecho despertar. Estaba desorientado, se sentía amenazado. A unos pasos delante de él había un hombre, pistola en mano, todavía apuntándole. Traje claro, camisa oscura. Y gesto asombrado, bobo.

Le ardían las muñecas, también los tobillos. Sintió que ese mismo calor quemaba las cuerdas que lo ataban y le daba fuerzas para levantarse. Una cuarta bala voló hacia él, sin acertarle. Lo mismo pasó con la quinta. Se abalanzó sobre su agresor, embistiéndole, tirándolo al suelo. El traje claro dejó de ser claro, para ser un traje moteado con sangre y a punto de ser cosido a balazos. La situación había cambiado por completo. Ahora el que apuntaba era el que segundos antes estaba inconsciente y atado. Sus heridas ya no sangraban. Y un aura de luz, llegada de la nada en esa habitación oscura, le rodeaba.

− ¡Misericordia!−imploró el del traje claro salpicado con sangre.

−No hay misericordia en esta segunda venida.

Y con un disparo finalizó la escena.



martes, 16 de junio de 2015

Abre



-¡Alto! ¿Quién va?

-Soy la Imaginación. He vuelto.

-¡Santo y seña!

-No lo recuerdo. Pero, fíjate, soy yo. Déjame entrar.

-Reconozco tu aspecto…

-Abre las puertas, por favor.

Y ¿quién sabe si finalmente pudo entrar?

 

sábado, 14 de marzo de 2015

¡Hasta siempre, Terry Pratchett!




El jueves 12 de Marzo nos abandonaba Terry Pratchett. ¿Mayor? Está claro que 66 años no son 20, pero desde luego está lejos de lo que considero ser un anciano. Edad suficiente para jubilarse (según el país y los vientos que soplen) y una buena edad para continuar con tu trabajo si es que estamos hablando de un escritor.

Con unos 40 millones de libros vendidos (el segundo que más vendía en Reino Unido tras J.K. Rowling, la autora de Harry Potter) el genio responsable de la saga de Mundodisco desaparece y la noticia de su muerte casi me pasa desapercibida. Le dedicaron unos discretos segundos en el telediario nocturno, suficientes para dejarme la boca abierta, y a otra cosa.

Sus obras, de temática fantástica, brillaban por el humor de sus páginas. Se inventó una geografía propia para ambientar la saga del Mundodisco, así como ciudades, gremios y una buena colección de personajes entrañables e hilarantes. Qué bonito sería haberse tomado algo con Sir Terry en el Tambor Remendado con sus Ogros en la entrada, con el orangután bibliotecario pelando un plátano y que nos contase de primera mano como hizo tanto y tan bien.

A Terry Pratchett le debo haberme hecho reír e imaginar. Y le estoy inmensamente agradecido. 


domingo, 18 de enero de 2015

El jardín cucudrúlico VII (METALSAURIO 2015)



En un vuelo en picado a lomos del dragón, Metalsaurio regresó al jardín. No estaba despeinado, pues no tenía pelo, pero la sensación era la misma. Casi churruscado por la luz que lo elevó y le hizo tomar perspectiva, advirtió que el vuelo había sido largo y que el jardín estaba decorado para darle la bienvenida. Qué detalle, pensó. Los cucudralos, cucudrualas y cucudrules le habían preparado un cartel que decía “Feliz 2015” y lo habían adornado con las plantas fosforescentes que colgaban por todos lados. Animalitos. Tan fieros unas veces y tan cariñosos otras.

-Estoy aquí, peques dijo el Metalsaurio.

El dragón se acomodó en la orilla y de entre las escamas sacó la pipa. Mientras la alimentaba, miraba al dinosaurio, que en ese momento ese momento se ocupaba de poner algo de Iron Maiden en el hilo musical atmosférico del jardín.

Y ahora, con algo de perspectiva, con un año casi en blanco, ¿qué vas a hacer? inquirió el dragón.

Metalsaurio tardó un par de segundos en responder. Se le ensombreció el rostro. Y cuando comenzaban a asomar las primeras volutas de humo de la pipa del dragón, se echó a reír. 

Querrás decir mientras “¿Qué vamos a hacer?”. Pues vamos a seguir respirando, latiendo e imaginando. ¿Te parece bien? respondió el dinosaurio.

El dragón luminoso que fuma en pipa y es feliz ensanchó su sonrisa y dijo: Cuenta conmigo.