jueves, 2 de agosto de 2007

Loquillo con albóndigas

Suerte, casualidad, destino, invocación. Sin duda yo prefiero última para definir lo que puedo hacer con Loquillo: puedo invocarlo. Si hablo de él, aparece en la tele, si entro en un local, ponen su música, y si salgo del curro pensando “qué movida salir a esta hora” recuerdo su canción “…en esta ciudad nunca hay solución, nunca hay evidencia…” y eso que hace siglos que no la escucho.

Supongo que si he salido de la cuarentena se debe a que me ha invocado él a mí, y aquí estoy, lerele, lerele, voltereta hacia atrás, lerele, lerele.

Sin embargo, la última vez que me acordé de él, no sucedió nada. La verdad es que era complicado, ya que pretendía que apareciese a mí lado para darme unos consejos sobre qué decirle al tremendo ejemplar de rubia con cara de borde junto a la que esperaba el bus.

Mis tristes opciones eran:

a) ¿Qué? ¿Cómo va eso?
b) Hoy voy a comer albóndigas de lata
c) ¿Falta mucho para el que pase el bus?

Consciente de que cualquiera de esas opciones era patética y ya sin la esperanza de que Loquillo apareciese para echarme una mano, pensé ¿qué haría Loquillo? Loquillo llegaría con su viejo Cadillac segunda mano y le diría “sube, rubia, te llevo”. Y la rubia se subiría y al llegar a su destino, harían el amor (Loquillo siempre hace el amor, nunca folla, por mucho que se haga el duro) sobre el capó (o como se escriba) del coche.

Y yo no tengo Cadillac.

2 comentarios:

chuzomanuel dijo...

Uno no debe nunca compartir ni los condones ni los secretos de apareamiento, pero, como has vuelto al ruedo y eres un gran metalsaurio, te diré lo que tienes que hacer la próxima vez.
Acércate a ella con tu mejor cara de bueno y una leve sonrisa picarona y dile, todo lo sinceramente que puedas:
perdona, es que tengo que decirte que eres guapísima.
Te aseguro que caerá rendida a tus pies.
Lo que ya no te puedo contar es lo que tienes que decir después. No es que lo sepa, es que, desgraciadamente, nunca lo he sabido.
Pero esa forma de entrar siempre me ha dado resultado, aunque luego me haya quedado callado y terminado marchándome pensando que era un gilipollas redomado.
Este es un consejo de Chuzo.

metalsaurio dijo...

Oye,pues no me disgusta ese método, está bien, está bien. Puede que lo intente ;)

Maestro!